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Alicante convierte antiguos bajos comerciales en viviendas: alquileres más baratos, pero con peores condiciones de habitabilidad

25 de agosto de 2026
Alicante convierte antiguos bajos comerciales en viviendas: alquileres más baratos, pero con peores condiciones de habitabilidad

La crisis de la vivienda está transformando algunos barrios de Alicante. Antiguos locales comerciales que durante décadas albergaron tiendas, bares o pequeños negocios se están convirtiendo en viviendas, una alternativa más económica para quienes no pueden asumir los precios de los pisos.

En barrios como Carolinas, El Pla y Francisco Albert cada vez es más habitual encontrar estos bajos residenciales. Las diferencias de precio pueden ser importantes: mientras algunos de estos espacios se venden por unos 80.000 euros, los pisos de la misma zona pueden superar los 160.000. En alquiler, hay bajos por unos 600 euros al mes frente a viviendas que difícilmente bajan de 850 euros.

El sector inmobiliario asegura que la venta de antiguos locales comerciales se ha duplicado en la última década, impulsada principalmente por el encarecimiento de la vivienda y por el cambio en los hábitos de consumo, que ha reducido el peso del comercio tradicional.

Sin embargo, convertir un local en vivienda no es sencillo. Según el Colegio de Arquitectos de Alicante, estos espacios deben cumplir unos requisitos mínimos de habitabilidad, entre ellos una superficie útil de al menos 30 metros cuadrados, ventilación adecuada y suficiente iluminación natural en las estancias habitables.

Precisamente, la iluminación y la ventilación son algunos de los principales problemas. Muchos locales solo disponen de ventanas hacia la fachada y carecen de patios de luces adecuados, lo que puede dificultar que cumplan la normativa.

Una alternativa marcada por la crisis de la vivienda

Los vecinos consultados reflejan que, en muchos casos, optar por un antiguo local no es una elección, sino la única alternativa para acceder a una vivienda en Alicante.

En Carolinas Bajas, algunos residentes han encontrado en estos bajos una forma de comprar o alquilar por debajo del precio habitual de la zona. Hay casos de viviendas de hasta 180 metros cuadrados adquiridas porque los pisos disponibles tenían precios inasumibles para las familias.

Otros espacios presentan condiciones mucho más ajustadas. En un bajo de unos 70 metros cuadrados, por ejemplo, salón, cocina y dormitorio comparten prácticamente el mismo espacio. En otro caso, una familia paga 900 euros al mes por 80 metros cuadrados, mientras que sus principales quejas son el ruido de la calle y el calor.

La situación se repite en El Pla, donde antiguos restaurantes, fontanerías y otros comercios han pasado a tener uso residencial. Una de estas viviendas, de 50 metros cuadrados, acoge a una familia de cuatro miembros por 750 euros mensuales.

En Francisco Albert, también se encuentran bajos de entre 55 y 65 metros cuadrados con alquileres de 600 a 700 euros al mes. Para algunos residentes, el precio supone la principal ventaja frente a un piso convencional, aunque también señalan carencias como la falta de aire acondicionado.

El fenómeno muestra así una de las caras más visibles de la crisis de acceso a la vivienda en Alicante: espacios que antes estaban destinados al comercio de barrio se transforman en hogares porque resultan más asequibles, aunque en muchos casos ofrecen menos luz, ventilación, privacidad o confort que una vivienda convencional.